Estamos insertos en una sociedad digital emergente, una sociedad tecnológica, de la información, de la innovación. Un modelo que lleva tiempo fraguándose, aunque no creo que sea borroso o impreciso, no al menos en exclusiva, y no más que cualquier otro proceso de cambio social, político o tecnológico anterior. Eso si, podríamos atribuirle al proceso la característica de frenético, de instantáneo, ya que es probable que pase ante nuestros ojos sin que seamos capaces de percibirlo, de ser partícipes. Esa aceleración que planteamos nos hace más ansiosos, porque una vez que implementemos el ritmo del siglo XXI, nos acostumbramos, no se aún si para bien o para mal, a la instantaneidad, a querer las cosas YA. En un ejercicio de abstracción podemos vernos desde fuera, tratando de ser objetivos en nuestra percepción, y captar o vislumbrar la imagen de un mundo, nuestro 1er mundo, en cambio. Se me viene a la cabeza la famosa imagen de Superman dando vueltas al planeta a toda velocidad. Quizás el fuera capaz de seguir el ritmo en toda su magnitud.
Usando el símil de los arqueólogos, observamos como pasamos de un registro material reducido, útil y práctico para la vida cotidiana, a uno mucho más amplio, también con elementos para el día a día, pero también más superfluos e incluso fríbolos. Pero esa amplitud, esa inmensa gama tecnológica de herramientas no tiene porque incitarnos a la catastrofe, sino que debemos trabajar contra la ignorancia, por el conocimiento y la educación en este mundo 2.0 que busca no solo sobrevivir, como pudieran hacer nuestros antepaados, sino ir más allá facilitando nuestra cotidianeidad y ampliando nuestro mundo, nuestra visión y nuestra cultura. Pasamos de aquella sociedad de la renovación a la sociedad de la innovación y la obsolescencia.
Pongamos en valor la sociedad en que vivimos, una sociedad en la que una idea creativa y brillante es desfasada al instante por su versión 1.1. Somo animales sociales, vivimos en comunidad, y ahora también en red, conectados, por lo que todo nos afectará en mayor medida, tanto en tiempo como en espacio. Más allá de la dictadura de los mercados y el dinero, una buena idea, una novedad tecnológica se presupone para el bien común, para avanzar. Las ideas, las innovaciones bien encauzadas deben tener el propósito de cambiar el mundo, no solo tecnológicamente, sino profundamente en sus principios y valores. Querría transmitir una visión positiva, de oportunidades, dejando atrás las certezas más o menos claras del pasado, para adentrarnos en un futuro de búsqueda, de cosas por hacer.
El mundo digital en nuestras manos: Paidocracia al poder!!