SEMANA EN RED
CULTURA DIGITAL - DA COMIENZO LA SEMANA EN RED DEL MÓDULO V - CULTURA Y TECNOLOGÍA
sábado, 7 de mayo de 2011
miércoles, 13 de abril de 2011
¿Códice digital?
La migración digital del libro puede verse como un punto de ruptura si nos centramos en el miedo al cambio, a la sustitución de los hábitos, de las certezas. Pero miremos con un poco de perspectiva y enfoquemos el contexto en el que se encuentra inmerso. Puede parecer llamativo el hecho de la rapidez con que la migración digital se produce, pero recordemos el ritmo de la innovación en el siglo XXI. Es instantáneo por el simple hecho de ser producto de nuestro tiempo, al igual que el paso de las tablillas de cera a pergamino, a papiro y a códice llevó siglos en el pasado, por ser producto de su tiempo, de su ritmo.
El cambio de formato, de soporte, no es ninguna novedad, y ese efecto dominó que se plantea puede parecer un tanto difuso. No creo que deba verse afectado, no al menos de forma general, el espacio de lectura o el número de lectores. Éste es un proceso a largo plazo, con gran importancia del periodo de convivencia entre formatos. Vivimos en una cultura digital acelerada, pero también lo hacemos en una sociedad con sus propios tiempos y ritmos de asimilación. Como decíamos ayer, la innovación va por delante de la sociedad.
La migración planteada es fruto de un proceso de acomodación en la era del estado de bienestar, en la que se busca facilitar las tareas, en este caso, la lectura. Esto se lleva a cabo mediante la invención o implementación de propiedades como la capacidad de almacenamiento, la accesibilidad y ubicuidad, la actualización de contenidos, la interacción, o la deslocalización en un mundo digital que es en definitiva un espacio compartido, sin fronteras o aduanas. Más allá del romanticismo, que comparto, de tener un libro en formato códice entre las manos, no veo problemas de convivencia desde el punto de vista del lector. Igualmente, el paso de la página a la pantalla ofrece cantidad de posibilidades. No se trata de echar por tierra la reputación, más que ganada, del libro códice, del espacio que representa, ni su probada validez, sino que tratamos de ir más allá aportando valor añadido a la lectura. No creo, como algunos escritores afirman, que la cultura este exclusiva e íntimamente ligada a la vida del libro códice, y creo que debemos aceptar el empuje de la cultura digital y electrónica emergente a modo de convivencia. Somos libres para expresar nuestras quejas y reflexiones sobre el formato o modelo del libro dIgital, pero asumamos que eso no hará más que dar argumentos para nuevas adaptaciones e innovaciones que traten de cubrir esas necesidades requeridas.
martes, 12 de abril de 2011
¿En qué sociedad?
Estamos insertos en una sociedad digital emergente, una sociedad tecnológica, de la información, de la innovación. Un modelo que lleva tiempo fraguándose, aunque no creo que sea borroso o impreciso, no al menos en exclusiva, y no más que cualquier otro proceso de cambio social, político o tecnológico anterior. Eso si, podríamos atribuirle al proceso la característica de frenético, de instantáneo, ya que es probable que pase ante nuestros ojos sin que seamos capaces de percibirlo, de ser partícipes. Esa aceleración que planteamos nos hace más ansiosos, porque una vez que implementemos el ritmo del siglo XXI, nos acostumbramos, no se aún si para bien o para mal, a la instantaneidad, a querer las cosas YA. En un ejercicio de abstracción podemos vernos desde fuera, tratando de ser objetivos en nuestra percepción, y captar o vislumbrar la imagen de un mundo, nuestro 1er mundo, en cambio. Se me viene a la cabeza la famosa imagen de Superman dando vueltas al planeta a toda velocidad. Quizás el fuera capaz de seguir el ritmo en toda su magnitud.
Usando el símil de los arqueólogos, observamos como pasamos de un registro material reducido, útil y práctico para la vida cotidiana, a uno mucho más amplio, también con elementos para el día a día, pero también más superfluos e incluso fríbolos. Pero esa amplitud, esa inmensa gama tecnológica de herramientas no tiene porque incitarnos a la catastrofe, sino que debemos trabajar contra la ignorancia, por el conocimiento y la educación en este mundo 2.0 que busca no solo sobrevivir, como pudieran hacer nuestros antepaados, sino ir más allá facilitando nuestra cotidianeidad y ampliando nuestro mundo, nuestra visión y nuestra cultura. Pasamos de aquella sociedad de la renovación a la sociedad de la innovación y la obsolescencia.
Pongamos en valor la sociedad en que vivimos, una sociedad en la que una idea creativa y brillante es desfasada al instante por su versión 1.1. Somo animales sociales, vivimos en comunidad, y ahora también en red, conectados, por lo que todo nos afectará en mayor medida, tanto en tiempo como en espacio. Más allá de la dictadura de los mercados y el dinero, una buena idea, una novedad tecnológica se presupone para el bien común, para avanzar. Las ideas, las innovaciones bien encauzadas deben tener el propósito de cambiar el mundo, no solo tecnológicamente, sino profundamente en sus principios y valores. Querría transmitir una visión positiva, de oportunidades, dejando atrás las certezas más o menos claras del pasado, para adentrarnos en un futuro de búsqueda, de cosas por hacer.
El mundo digital en nuestras manos: Paidocracia al poder!!
lunes, 11 de abril de 2011
Crisis, catástrofe, evolución o revolución cultural.
Catástrofe, crisis, miedo, desconocimiento... La mayoría de nosotros estamos situados entre los nativos analógicos, aquellos que rebuscaban en los ficheros bibliotecarios, y los nativos digitales puros, aquellos chic@s que han nacido con el ipod bajo el brazo. Quizás por esta razón tenemos una experiencia o panorámica más amplia que nos permite hablar en positivo ante la Crisis Cultural planteada. Rompamos con ese famoso "siempre negativo, nunca positivo" y apostemos por una mirada a un futuro tecnológico y cultural prometedor. Digo más, no se trata del futuro, sino del presente, porque como bien se indicaba en la lección diaria, la tecnología avanza a mayor velocidad que el resto del planeta, y claro está, que la cultura, primera víctima de la ignorancia. El concepto de crisis tiene una connotación negativa que no asimilamos al cambio cultural permanente, sino a la falta de práctica e iniciativa cultural, a la falta de un ideario mínimamente definido, a la victoria del miedo, de la ignorancia. No obstante, y usando dicha concepción, la cultura lleva mucho tiempo en crisis, y necesita un cambio verdadero en forma de evolución, o mejor dicho, revolución, una verdadera REVOLUCIÓN CULTURAL.
Tenemos la opción de suscribir el miedo, la prudencia y el alarmismo que no se despega del pasado, o podemos apostar por el futuro, por el riesgo. Estamos muy cómodos asentados en la catástrofe y en la seguridad frente a la desconfianza que supone un cambio, un riesgo que no sabemos en que acabará, pero esto no nos hace sino pensar en una infinidad de posibilidades, en el talento emprendedor y en la iniciativa que se puede plantear para la cultura digital, para la cultura de futuro, de presente. En un mundo digital y tecnológico que marca la vanguardia, no podemos sino aprehender que estamos en una realidad globalizada, intercultural e interactiva, que nos ofrece herramientas para mejorar, madurar y crecer. No olvidemos que somos enanos aupados a hombros de gigantes, nos servimos diariamente de la tecnología que siglos de experiencia traen consigo, de aceptación de riegos, de pruebas y errores.
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